18º FESTIVAL DE CINEMA JUEU DE BARCELONA: EL LLANTO CONTENIDO


Por Juan Marea.

Relatar en fotogramas el quejido silente de aquellos que fueron perseguidos por no ser quienes se les exigió ser podría consistir en explicar por qué no fueron capaces de sollozar sin freno. Conociendo las entrañas de su accidentada cotidianidad, sentiríamos el deseo de cuestionar la nuestra, a menudo estancada en raíles oxidados por la rutina acomodaticia. Pero para que se obre el intercambio, lo que la pantalla nos ofrezca ha de desdibujar su contorno y transformarse en la misma sala de proyecciones. Y eso solo se consigue reduciendo la hojarasca argumental y facilitando el acceso a la esencia de la historia.
Para la ocasión, la Filmoteca de Catalunya acogió la 18ª edición del Festival de Cinema Jueu de Barcelona del 20 de septiembre al 1 de octubre. Y LET’S GO! (Alemania, 2014) se presentaba sobre el papel como un fresco sobre la desestructuración familiar cuando el núcleo se ve menoscabado irreversiblemente con las sevicias sufridas en la piel de los cabezas de familia durante el Tercer Reich por su condición semita. La película de Michael Verhoeven es un entretenimiento muy deudor de su formato y de la fuente de la que bebe. Tomando como referencia una novela autobiográfica, el interés dramático se focaliza en el supuesto empeño en exponer con minuciosidad un sinfín de episodios alternando la tragedia presente –la vuelta de la hija primogénita al hogar a raíz de un accidente que ha sumido a su hermana en coma– con el recorrido vital del drama pasado –subrayado por la severidad del padre y lo arisco de la madre. Pero el guión cae una y otra vez en la trampa de saberse dirigido a una audiencia televisiva, y por ello prima el tono melodramático, el afán coral por incluir una pléyade de personajes –en este sentido, resulta muy revelador el hecho de que los personajes de las hijas sean encarnados por multitud de actrices– cuyo desarrollo se ve interrumpido a menudo por la irrupción de otros que les toman el relevo. La poca entidad de los intérpretes protagonistas contribuye a la atonía general de la obra y el resultado final es algo así como un álbum de cromos que nos resulta difícil completar porque los “tenguis” acaban haciéndonos desistir de reunir los “faltis”, esto es, el deseo del espectador de conocer el progreso de la historia y la evolución de sus personajes.
Por su parte, MR. GAGA, el trabajo documental sobre Ohad Naharin (Israel-Suecia-Alemania-Holanda, 2015) confeccionado por un pulcro Tomer Heymann provoca la emoción cuando funciona como cerradura en la puerta para que nuestra mirada descubra los procesos creativos del singular coreógrafo. Así pues, asistir a los momentos extenuantes en los que los bailarines se ven forzados a repetir hasta el paroxismo los movimientos más bruscos nos dan cuenta de lo que significa el estilo “gaga” y, además, se completan de manera prodigiosa en los fragmentos de espectáculo que la cámara ofrece al abrir la puerta de par en par y convertir la sala de ensayo en portentoso escenario. La película coquetea también con la personalidad carismática de su protagonista absoluto detallando las artimañas de que se vale Naharin para construir su leyenda –los referentes vitales apócrifos confesados a los periodistas; sus trucos de seducción para acceder a las compañías de danza más prestigiosas. Incluso muestra el aspecto más reivindicativo –la negativa a actuar con la Bathseva Dance Company de Israel ante las presiones de las autoridades para cambiar el vestuario decidido por el conspicuo director. Todo ello, empleando Heymann una estructura narrativa convencional que no olvida ninguna de las facetas personales y permite entrever los lados oscuros –el narcisismo, que conlleva la anulación de las parejas sentimentales hasta convertirlas en poco más que instrumentos de su genio artístico; la derivación de la labor de bailarín y coreógrafo a “gurú” del crecimiento personal a través de la danza. De este modo, el realizador logra un producto completo deslumbrante a pesar de no llegar a profundizar en el verdadero estado de la cuestión: someter la cámara al sudor del esfuerzo diario, con las incertidumbres del maestro y la ofuscación supondrían, al fin y al cabo, las razones más legítimas para que una obra como esta pudiera trascender el subgénero del biopic autorizado.

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