CÓMO ME CONVERTÍ EN FAMOSA en el Teatro Lara: ¡Olvidaos de mí!


Por Juan Marea.

Las peluquerías eran foros de opinión social indiscutibles hasta que la todopoderosa tele empezó a vomitar en la tapicería de nuestros sofás burgueses. Lejos de arredrarse, no se han quedado atrás y siguen barajando fórmulas de intercambio “chismorreico”.
El Teatro Lara se apunta al bombardeo y encaja en su escenario un púlpito jocoso de corte capilar y mariconeo estereotipado espolvoreado de postureo moderno donde una elizadoolittle tan castiza como decidida intentará hacer pestañear a cualquiera de las gallinitas cluecas de Jorge Javier Vázquez para solaz de la platea.
CÓMO ME CONVERTÍ EN FAMOSA no engaña a nadie pero sí que sonroja al espectador que aún se sienta digno de acudir a un teatro. Lo que significa es una astracanada de limitado ingenio pero que acaba engatusando por la ternura que desprenden sus protagonistas.
En ella, los chistes se alargan tanto que uno acaba por arrepentirse de haber reído la primera vez. Con ella, uno piensa que no va a pasar lo que llega a pasar y, sin embargo, se lamenta de haber pensado nada. Sin ella, estábamos a salvo pero una vez que la presenciamos, ya no sabemos si hallaremos perdón.

Los defectos de esta comedieta de Pablo Álvarez son inversamente proporcionales al encanto de los actores que saludan en ella. Porque consiguen que nos prestemos a escucharles a pesar de que deben lidiar con una trama deslavazada. Siendo sus personajes planos y maniqueos con profusión, el reparto llega a encontrar un camino entrañable por el que llegar a burlarse de ellos mismos.
El texto pone en improbable contacto a una pareja homosexual atascada en plena crisis sentimental y prisionera de una barbería para hípsters con una dulce palurda que, además de ayudarles a superar sus problemas, se transformará en una especie de heroína nacional por su estrecha relación con un líder político tan rutilante como controvertido de la escena española actual cuyo nombre y apellido alude a un santo iluminado que, según el dramaturgo de la función, ha de traernos la Vida Eterna.
Valiéndose de una revisitación de “Pigmalión”, Álvarez juega al divertimento oportunista dando una enésima vuelta de tuerca a la “cultura del pelotazo” en su modalidad más cutre, esa que podría empatizar más con el ciudadanito apaleado por la miseria laboral. Lo malo es que la torpeza del autor a la hora de plantear la historia dramática provoca una indefinición que la lleva a la deriva, aspecto que se acusa de manera alarmante a la hora de abordar su discurso político, una apología bochornosa a tan solo medio paso del mitin.
Y lo que emerge es la simpatía del elenco, que asume con ejemplar humildad su cometido, más el “cebo” de una Antonia San Juan cuyas intervenciones, a pesar del llamativo peculiar estilo interpretativo, contribuyen aún más al caos escénico. Así que ¡soltaos las barbas, que seguro que querrán airearse en el Lara!

CÓMO ME CONVERTÍ EN FAMOSA se representa en el Teatro Lara de Madrid hasta el 9 de febrero.

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