PATUFET, EL MUSICAL: LA GRANDEZA DEL SOMOS.


Por Juan Marea.

Ser pequeños nos da unas expectativas ilimitadas. Al encontrarnos en la obligada tesitura de tener que crecer, solo se nos abre un camino: El de seguir adelante. Mientras decidís si estáis o no preparados para ello, os avanzaré unas líneas sobre el entusiasta devenir de un niño diminuto empeñado en desafiar las leyes de su naturaleza para ser como los demás y que, gracias a su reducido tamaño, descubrió la grandeza de la amistad.
En PATUFET, EL MUSICAL tropezaremos con una pandilla de personajes fuera del sistema de consumo masivo que se resisten a ser solo desechos. Su condición de criaturas marginales los convierte en cómplices muy oportunos de los espectadores más pequeños. Porque, más allá de la vacuidad de los juguetes de último diseño, de la presunta operatividad de los nuevos artilugios electrónicos y de la tendencia a la uniformidad, nadie mejor que aquellos para empezar a apreciar lo doloroso que resulta pasar desapercibidos en el Mundo Adulto.

Los autores Ferran Gonzàlez y Joan Miquel Pérez aprovechan con inteligencia la coyuntura, y organizan un espectáculo rico en matices temáticos, dinámico en su desarrollo y rebosante de optimismo. Minimizando la ingenuidad que el cuento ofrecía en su versión tradicional (y mitigando de paso la amenaza de las flatulencias que alejaban felizmente a su protagonista de un pestilente destino), Alicia Serrat da forma a una propuesta de una elegancia ejemplar por cuanto conjuga de manera equilibrada la narración de la historia archiconocida con un sentido escénico de sugerentes recursos para obtener una espectacularidad honesta, sin piruetas gratuitas. La ocurrente directora potencia con generosidad el encanto del protagonista (una contenida y segura Aina Quiñones) implicándolo en una obra casi coral, en la que el magnetismo de los satélites orbita a su alrededor (desde un procaz Pol Nubiala hasta una pícara Xènia Reguant). De este modo, queda hábilmente subrayada la idea principal, de una eficacia más que probada: La unión hace la fuerza. Se añade también una subtrama de indudable comercialidad como es la afrenta de los malvados, en la habitual lucha del Bien y el Mal, cuya puerilidad aquí hace que resulte prescindible. A pesar de ello, el ejercicio metateatral que realizan sus responsables (los aplicados Jofre Borràs y Miquel Malirach) provoca la hilaridad en algunas de sus intervenciones, sobre todo en el momento del casting que realizan en medio del público para el papel más relevante del desenlace.
La parte musical, con cierta vocación grandilocuente, crece verdaderamente en los momentos de mayor intimidad. En este sentido, el alegato de Pau Doz como “galán de Playmobil” a favor del derecho a huir del amontonamiento en la juguetería es enternecedor. O la reflexión de la señorita Tecla arrojada sin piedad al vertedero al ser eclipsada por las efervescentes pantallas táctiles nos invita incluso a la reflexión. Todo ello, en medio de un discurso crítico con sustancia, algo excesivo para los más pequeños, pero necesario en estos tiempos de tanta nadería franquiciada.

PATUFET, EL MUSICAL se representa en el Teatre Coliseum y en el Teatre Victòria de Barcelona.
http://www.patufetelmusical.cat/

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