MILAGRO EN CASA DE LOS LÓPEZ en el Club Capitol: Telecomunicaciones delirantes


Por  Juan Marea.

El confort del hogar altoburgués se convierte en una prisión con las puertas abiertas al hastío y a la mala uva. Así lo entendió Miguel Mihura cuando en 1964 escribió esta comedieta tan bien intencionada como inocua.

Si por la sangre de sus personajes circula el absurdo, el autor los cubre con una piel de costumbrismo castizo y, de esa guisa, merodean por un microcosmos tan reconocible como es la condena del consumismo y el vacío emocional.

Este “Milagro” encierra apuntes de crítica social mitigados por la estructura de la comedia de enredos deformada por la intriga de un misterio que mantendrá en ascuas a la pareja protagonista, liberándola de su apatía matrimonial. El desenlace, anodino por la falta de rigor dramático en el desarrollo de la historia, es un guiño a algo que sigue siendo uno de los grandes estigmas de la realidad española actual: la dificultad de conseguir la realización profesional.

Hasta llegar a esa conclusión, el espectador asiste a un desfile de entretenidos contratiempos con ingeniosas réplicas (el matrimonio abre la función en plena crisis cíclica que se salda “a dieta de diálogo”) salpicado de tipos funcionales: la muchachita de provincias deshonrada (chispeante Ana Mayo), el mayordomo resabido (imponente Juan Antonio Molina), el disperso catalán cuyas extravagancias le convierten en poco menos de una especie de paranoico (muy histriónico Nacho del Valle) y la doncella sensiblera sumisa (resuelta Elisa Lledó). Sin embargo, Mihura completa la caracterización de cada uno de ellos dotándoles de una dualidad sugerente: la muchachita se convierte en una “mujer fatal”; el mayordomo resulta ser el cerebro de una oscura trama (amén de convencido homosexual); el huésped extravagante se revela como un enternecedor ilusionista; y la doncella se convierte en Cenicienta salvada por el Príncipe del Éxito Empresarial. En cambio, y como contrapunto a tan prometedora fauna, los López acaban justo donde empezaron: meros observadores de su estancamiento vital como pareja e incluso como individuos, atrapados en la riqueza de un estatus que ni siquiera les permite salir de casa a ver mundo.

En el Club Capitol de Barcelona, el director Manuel Gancedo rescata esta historia incidiendo en el dinamismo interpretativo (las réplicas entre una eficiente Nuria González y su marido en la ficción, un apayasado Carlos Chamarro) y la frescura de sus actores potenciando las concomitancias de la obra con el teatro del absurdo al enfocar la expresión corporal desde el mecanicismo propio del robot que, como suerte de marioneta, es controlado por ese pequeño demiurgo que fue Miguel. De este modo, los anacrónicos localismos del texto quedan más disimulados y chirrían menos las incongruencias contextuales (esa telebasura de ultimísima generación que devora a los protagonistas) de una dramaturgia casi inexistente y sacrificada en aras de una finalidad exclusivamente evasiva de la propuesta.

 

MILAGRO EN CASA DE LOS LÓPEZ se representa en el Club Capitol de Barcelona hasta el domingo 29 de noviembre.

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