ESCENA POBLENOU’15: MUJERES Y VICEVERSA



Por Juan Marea.

¿Qué tienen en común el gato y la liebre cuando estamos famélicos? Pues que nos parecen igualmente deliciosos. Ahora bien: si somos de los que educamos el paladar día a día, y ágape tras ágape, pronto aprendemos a distinguirlos.

ESCENA POBLENOU ofreció su última edición del 22 al 25 de octubre y probamos parte de su carta con babero entusiasta y el plato alzado.

El menú, de desigual elaboración, nos llevó a una digestión reflexiva: ¿es arte innovador por sí mismo el que programa quien se proclama festival comprometido? ¿puede la endogamia organizativa dar paso a la obra creativa?

Tomando como muestra dos propuestas incluidas en la Sección Projecte Escena + Dones, intentaré responder masticando con cautela.

La exquisitez del circo contemporáneo, que emplaza a sus protagonistas aéreas en una burbuja donde se respiraban hilos mágicos y por donde jadeaban bobinas delicadas, convirtió la Plaça de Can Felipa barcelonesa en un espacio etéreo y férreo a la vez. En ENFILA, S.A., Les Estampades combinaron con sensibilidad la acrobacia urbana y la comedia costumbrista. Paula Radreso y Berta Escudero componen un dúo enternecedor porque saben deslizar en el alambre la ingenuidad de quien parece estar experimentando. Al mismo tiempo, y de un modo casi paradójico, su director Sergi Estebanell les empuja astutamente a sacar partido del espacio escénico, que adopta personalidad propia gracias a la pericia de las artistas. Y, así, juntas las dos hilanderas y su taller repleto de recovecos, escalaron con agilidad casi temeraria, se precipitaron en una caída con rescate solidario, incluso se comunicaron en funambulismo paralelo y hasta simbiosis juguetona cuando una misma cuerda las unió. La poesía del espectáculo no hizo sino multiplicarse con la apuesta visual por los candiles que, cual luciérnagas ejercitadas, compitieron en resplandor con la chispa escénica de las artistas.

La Sala Gran del Centre Cívic Can Felipa albergaba, en cambio, más lúgubres resultados: el cabaret de Las XL, cuya zafiedad se vería salvado parcialmente por la entrega de sus impulsoras. Estuvieron allí para desplegar con generosidad su desparpajo y gracejo con el espectador. Nía Cortijo y Marta Sitjà saben estar en el escenario con ABANDÓNATE MUCHO. Cantan con júbilo, bromean sin cesar y se carcajean de ellas mismas con saludable humor. Pero su consigna se revela tramposa a medida que avanza el show: por un lado, encadenan gags con los que disparan a matar al romanticismo pedestre de nuestros días (y, ¡ay!, de nuestras noches también) insistiendo de manera cansina en un feminismo recalcitrante que se anuncia inconoclasta una y otra vez (¡Bienvenidos a la Coñocracia! gritan entre orgasmos fingidos). La lástima es que, por el otro lado (ahí duele a veces), el espectáculo resulta ser tan endeble dramáticamente como la “stand-up comedy”, donde el afán por el chascarrillo engulle cualquier intento de perfilar un discurso propio.

Gatos y liebres no nacieron para convivir en una misma carta. A menos que el banquete sea un bufet libre para comensales desbocados.

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