WOYZECK CADUCAT en el Teatre Tantarantana: ¡Que mueran los novios!


Woyzeck 2

Por Juan Marea.
El fatalismo de no saber rebelarse contra un destino miserable es la consecuencia directa de un mecanismo de sumisión social eficaz en la sociedad del progreso. El uno y el otro se necesitan. Y los que asistimos a tan inquietante maridaje no hacemos mucho más que lanzarles arroz.

Con WOYZECK CADUCAT, Roger Torns propone una revisión de la obra de Georg Büchner tuneándola con las concesiones de la tendencia actual al maniqueísmo mientras intenta dar forma a un caleidoscopio de disciplinas artísticas que aporta indicios de un ánimo experimental sugerente.

Torns logra los mayores aciertos de su puesta en escena en lo visual: centrando en el escenario a esa pareja de perdedores que tontea con la felicidad jugando a ser padres y, por extensión, pareja a pesar de la adversidad que les rodea, bajo la sombra alargada de dos narradores omniscientes temibles. El contraste que Roger muestra constantemente a lo largo de la representación llega a ser de una belleza inquietante en los momentos más efectistas: la lluvia dorada que rocía a la prostituta en que se convierte ella; o el llanto simultáneo de la familia por el hambre que les une dota al espectáculo de un perfume estético reseñable.

Por otra parte, los esbirros que convierten a Woyzeck en rata de laboratorio parten de un perfil que se pretende esperpéntico pero que se queda en parodia por falta de mala uva de la dramaturgia. En esta faceta, a Torns parece preocuparle más cargar las tintas en el discurso científico que en el elemento despiadado del maltrato. Torns, además, configura una pareja protagonista demasiado blanda (aspecto reforzado en las canciones que canta ella con candidez infantil) y deudora de la coyuntura “indie” (la música posmoderna, el sex-appeal de los dos actores) dificultando que el espectador pueda entender su desolación. Por otro lado, los intentos aislados del personaje central (un esforzado Marc Ribera) de explicarse se limitan al bloqueo que sufre cuando se enfrenta a sus superiores.

La puesta en escena, que recupera la estructura dramática de “El tragaluz” de Antonio Buero Vallejo al presentar la historia como un experimento sociológico, contiene varios aciertos aislados que le otorgan cierta solidez. Como la pulcritud de la expresión corporal de los títeres a cargo de unos impecables Torns y Arnau Comas. Como la ternura de las víctimas cuando conviven. Y como la poesía feísta centelleante del cuento del niño que quiso viajar a la Luna y al Sol y tuvo que conformarse con quedarse sepultado en la Tierra, prisión de la que solo salen quienes muerden el polvo de la vida y, luego, llegan a levantarse.

WOYZECK CADUCAT se representa en el Teatre Tantarantana de Barcelona hasta el 1 de octubre.

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