PSICOSI DE LES 4.48 de SARAH KANE: Acusada y sin sentencia


psicosiPor Juan Marea.

Sarah cae enamorada. Sus suspiros se diluyen en la falta de aliento que le arrastra hacia la muerte. Ella necesita amar la vida. Pero esta no sabe complacerle. Y, consciente de su desaforada dependencia, desmenuza momento a momento su desengaño.

Con PSICOSI DE LES 4.48, sabremos lo mucho que sufrió e, incluso, lo mucho que amó. Porque los dos sentimientos son anverso y reverso de una moneda que debería ser Sarah y que vale lo que los demás estemos dispuestos a comprar con ella.

La obra póstuma de Kane ofrece un análisis circular sobre la depresión que le condujo a matarse. Con este monólogo desquiciado, se libra el combate entre una joven deseosa de ser feliz y su incapacidad mental de asimilar que, en el fondo, era una firme candidata a llevar una vida plena.

La autora concibe la obra como si se se tratase de un juicio que la propia acusada se impusiera a sí misma. En él, el director Moisès Maicas parece invocar al espectador como jurado. Pero las disquisiciones de la atormentada protagonista insisten en tomar su propio camino, ese que ella recorre cuando afronta su enfermedad desde un punto de vista científico (cuando enumera de manera vehemente el tratamiento medico que le están suministrando) y que, constantemente, desdibuja al anotar cifras o tatuarse en la piel los términos que sintetizan su malestar.

El recorrido escénico de Sarah lo intenta con entusiasmo la actriz Anna Alarcón, cuya caracterización física es impactante: su rostro anguloso expresa la lucha; su figura escuálida permite que en ella anide la erosión del infierno emocional; y hasta proyecta una elegancia resaltada con habilidad por el vestuario de Pi Piquer.

Alarcón, en cambio, da vaivenes en su ejecución acosada por un histrionismo que le puede, a pesar de que en ocasiones le ayude a congraciarse con el respetable. Por ejemplo, cuando la protagonista anuncia su propósito de acabar con todo. En esos momentos, el efectismo de las palabras encuentran acomodo. Pero Maicas no sabe ubicar al personaje en el espacio escénico, llamativo en su intención de albergar esa mente de Kane como si se tratase de una sala de audiencias real presidida por un trono que bien podría ser silla eléctrica. Y la aplicada Anna se encuentra lidiando con un exhibicionismo que le precipita una y otra vez al público sin que la interacción resulte exitosa pues el público no puede ayudar a su criatura. El público debe sufrir con ella y desde la barrera. Porque, así, la impotencia afila su hoja y todos pasamos a ser susceptibles de clavarnos con ella.

PSICOSI DE LES 4.48 se representa en La Seca-Espai Brossa de Barcelona hasta el 4 de octubre.

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