AQUIL·LES O L’ESTUPOR de La Patacada/IT Dansa: Con alas en los talones


Por Juan Marea.

Aguerrido y casi invencible, el guerrero contribuyó a que Troya asumiese un rol de encrucijada de apabullantes lances y cuitas amorosas. Lo uno y lo otro casan bien por cuanto es la pasión la que los impulsa y también porque no hay quien los detenga.

La Patacada e IT Dansa se aventuraron esta pasada edición del GREC-Festival de Barcelona a reconstruir el acontecer vital de Aquiles y la estupefacción llegó del juego coreográfico incesante, caprichoso y hasta mayestático.

No resultaba fácil adaptar “La Ilíada” a un escenario en el que la música y la danza debían elevar los talones del poderoso héroe, pero la exuberancia de AQUIL·LES O L’ESTUPOR dirigida por Albert Mestres logró mostrar el lado épico de la leyenda con un estimulante desconcierto: La transmutabilidad del personaje central en los diferentes bailarines y su multiplicación final en la práctica totalidad de la compañía ofrecieron señales de una omnipotencia que parecía no encontrar freno. El hipotético encuentro con Helena, flamante estandarte de una nueva era al acabar propulsada por la hélice de un vuelo más que superviviente, redentor, otorgó al espectáculo una condición de modernidad que lo entroncaba con el estupor actual ante la Belleza pura y perdurable.

Bajo las coordenadas de un trabajo exhibicionista, robusto y de un exultante efectismo a cargo de la coreógrafa Ina Christel Johannessen, la Compañía IT Dansa ofreció un esfuerzo colectivo encomiable en el que se alternaron momentos de un simbolismo casi despojado de artificio (la danza victoriosa inicial de Zeus bajo las formas de un alado Wilson Baptista), piezas de atlética poética como aquella en que los cuerpos de Anna Ramírez y Patrick Cabrera siendo Leda y un cisne divino construyen el deseo perseverante de la seducción, y (los más) otros más grandilocuentes, aunque inyectados de un ritmo electrizante (el acoso y derribo a Héctor sufrido por un Ole Christian Tangen tan frágil como luchador).

En cuanto al acompañamiento musical, este aglutinaba un mestizaje que iba del jazz envolvente al tecno desasosegante para enfatizar el desarrollo de una historia que se quería resplandeciente pero, al mismo tiempo, angustiante. El resultado fue un híbrido a veces redundante y otras, acertado refuerzo del enfoque epopéyico planteado.

La parte teatral, en cambio, no consiguió ensamblarse armónicamente con las otras disciplinas artísticas. El excesivo recurso a lo narrativo redujo a los actores a un mero papel de comparsas perjudicados por la indefinición de sus personajes. El afán de la dramaturgia por contextualizar la historia de un modo minucioso motivó una morosidad de los momentos interpretativos. Tampoco obtuvo resultado satisfactorio el tono tragicómico empleado, que derivó en una atonía general a pesar de cierta elegancia escénica y de los esfuerzos de unos actores, por otro lado, desiguales.

Y que el capricho de los dioses siga provocando la defensa de los mortales por mucho tiempo más: El nuestro es un Mundo de constante experimentación de la fuerza, el talento y la habilidad.

AQUIL·LES O L’ESTUPOR de La Patacada/IT Dansa se representó en el Mercat de les Flors del 28 al 30 de julio  

durante el GREC-Festival de Barcelona.

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