NOMÉS ENS VOL PROTEGIR DEL CEL de Sílvia Delagneau: El cielo elitista


Por Juan Marea.
¿Para qué sirve un árbol?, se preguntan los humanos. Mientras tanto, las vidas de estos crecen atadas a sus raíces. Cuando resisten los contratiempos que les salen al paso, van consiguiendo un tronco robusto. Algunos de ellos, los que se atrevan a ser más ambiciosos, llegarán a reunir una copa frondosa con la que ofrecer exuberantes formas, aliviar el bochorno y hasta dar cobijo ajeno.

¿Y cuál es tu árbol favorito?, se interrogan uno tras otro los personajes de NOMÉS ENS VOL PROTEGIR DEL CEL. Aunque, en el fondo, lo que intentan es averiguar si pueden vivir juntos. Y el espectador decidirá a lo largo de la función si el bosque propuesto es suficientementente tupido.

Con esta propuesta, Sílvia Delagneau utiliza una fórmula teatral que retoma lo que compañías como Comediants ya hacían en los setenta: un espectáculo que hilvana momentos de impacto visual y provocación verbal. Esto es, un culto a la “performance” con la intención de sacudir la conciencia o incluso de liberarla de prejuicios convencionales. Aquí no se trata de conocer una historia contada, sino de invitar al público a contrastar la suya con lo que se le está ofreciendo desde el escenario.

Y, en este sentido, Delagneau alcanza momentos de cierto calado visual: la celebrada rebelión de la actriz-árbol que, cansada de tener que actuar con la rigidez propia de su condición vegetal, decide que no quiere continuar. Y aquella voluntariosa Bàrbara Roig que, como palmera tropical, despliega una falda infinita bajo la cual encontrarán consuelo y abrigo el resto de sus compañeros. Incluso el proceso de preparación de ese volcán hecho de arcilla con solidaria minuciosidad que exterminará cualquier vestigio natural de modo caprichoso y sin que nadie se proponga sofocar después. Momentos adornados con una capa de jocosidad y aire festivo que ayudan a relajar la crudeza de lo que significan: la responsabilidad individual a la hora de decidir cómo queremos formar parte de este Planeta Verde y cómo eso condiciona nuestra relación con los demás.

Pero Delagneau pierde savia cuando recubre otros personajes de mayor entidad intelectual: ese superviviente de una dictadura que recuerda el horror a través de las canciones que escuchaba entonces, el disc-jockey que surte de efectos sonoros la arboleda o el niño que quiere ser mago. Los tres adolecen de una falta de consistencia dramática y los actores que les tienen que dar vida a duras penas van más allá del recitado plúmbeo o de la caricatura frívola.

Acabo con una tercera pregunta: ¿Qué pasaría si me bastara con ser un simple arbusto? ¿Me elegiría también el Cielo Protector?

NOMÉS ENS VOL PROTEGIR DEL CEL de Sílvia Delagneau se representó en el Museu d’Arqueologia de Catalunya del 24 al 26 de julio durante el GREC-Festival de Barcelona.

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