LA CLAUSURA DEL AMOR de Pascal Rambert en el Teatre Lliure: Intérpretes en blanco



Por Juan Marea.

En este combate para pareja torturada, desequilibrada y asqueada, él sostiene con gesto autoritario que “Las cosas existen porque son dichas.” Y se dedica a decir a ella (en realidad, grita) todo lo que ha planeado reprocharle. Ahí tenemos el primer asalto: Un compendio de argumentos para tranquilizar su conciencia y poder correr tras otra(s). No pienso objetar nada en cuanto a sus intenciones: Yo también he estado en ese lado. Sí que me atreveré, en cambio, a cuestionar las maneras: Ni me vale una perorata tan cerebral ni tampoco me creo que el personaje sea implacable: Hasta las fieras enjauladas necesitan coger carrerilla para abalanzarse sobre los barrotes. Y en esta “clausura” no hay ni una pausa, ni una respiración ni un balbuceo de Israel Elejalde. Tampoco su texto se lo pone fácil: En el desarrollo de esta crónica de un amor despedazado, se solapan reflexiones con aura sincera (“Nos gustaba amarnos. Eso es todo. Pero nos gustábamos.”) con otros artificiosos(“¡Has roto el lenguaje que habitaba en mí!”) y un exceso de intelectualización en el discurso lo embadurna de ampulosidad críptica.

Cuando llega el turno de ella, el encierro de los dos actores alcanza una dimensión real y se produce el milagro escénico: Bárbara Lennie proclamará que “La imaginación se limita a lo que uno quiere creer.” y da una lección interpretativa: No solo se comunica con su partenaire sino que su voz vacila y acusa; su porte oscila entre la rigidez del ataque y la oblicuidad del desmoronamiento; y hasta su réplica verbal está bien articulada: Matiza punto por punto los embates de él y pinta con su dolor escénico los momentos que dotan de escalofriante familiaridad esa ruptura tan convulsa: El repaso de todos esos recuerdos inmateriales que ha decidido quedarse con motivo de la separación de bienes requerida por él y que se refieren a esas expresiones, maneras de decir “te quiero”.

El duelo, que se libra en medio de un prometedor espacio inmaculado del que estas bestias apenas podrán protegerse con su oscuridad, constituye más bien un punto de partida que una travesía en movimiento: Más allá de las “verdades” (y alguna que otra mentira despiadada) de cada luchador no se produce asalto posterior con el que certificar la defunción de esa pareja, ni tampoco podemos vislumbrar una eventual reconciliación. En cualquier caso, parece que la intención de su creador, un Pascal Rambert irregular como autor y director, es hacer un guiño malévolo a la profesión de actor, ocupación poco gratificante si el afectado no sabe distinguir su propia esencia del vertedero emocional en el que pueden convertirle los personajes que llegue a interpretar…

LA CLAUSURA DEL AMOR de Pascal Rambert se representó en el Teatre Lliure del 23 al 26 de julio durante el GREC-Festival de Barcelona.

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