LA NOCHE DE HELVER en el Teatre Romea: La oscuridad es de los demás.



Por Juan Marea.

Foto: Fede Serra.
Ocultémonos de los demás. El entorno, enrarecido, quiere alejarse aún más. Y nosotros se lo dificultamos. Así que, por el bien de todos, lo mejor será desaparecer. Ni siquiera será suficiente el estrecho vínculo que hemos ido construyendo a lo largo de los años para no estar solos. Acabemos con esto pues. Sin ruido y con una resignación redentora.

Entre una madre interrumpida bruscamente y un hijo del desamparo se abre el horizonte de una segunda oportunidad. Pero la fatalidad no merodeaba por casualidad y volverá a cebarse en ellos. LA NOCHE DE HELVER(HELVEROVA NOC) es el testimonio dramatúrgico de Ingmar Villqist ante el horror de un régimen totalitario en auge y cómo suelta lastre exterminando a los más débiles.

Más allá de su vertiente trágica, el texto nos impacta por el estudio psicológico que elabora de dos personajes obligados a protegerse. Con ellos, el autor intenta aislarse. Y los encierra en la ratonera donde pueden malvivir. La brevedad de las dimensiones del habitáculo fomenta la exhibición de esos sentimientos a flor de piel que intercambian los protagonistas: la abnegación de ella no exenta de ciertos apuntes incestuosos (sólida Mirjana Karanovic) en celebrada armonía con el entusiasmo patriótico de él modulado por el estigma efectista de una discapacidad irreversible (expresivo Ermin Bravo). Ambos se necesitan y, al mismo tiempo, no podrán estar juntos. Pero, como suele ser habitual, el determinismo que rige su relación se ve oxigenado ocasionalmente con momentos de ternura para hacer más acogedor el escenario y demostrar el buen hacer interpretativo.

Desgraciadamente, la dirección de Dino Mustafic no se atreve a profanar los límites de la corrección. Y su puesta en escena, interesante por las posibilidades del deterioro en la relación de estas dos almas en pena que juegan a dejar de serlo, se queda a medio camino: el de la prudencia artística. Momentos de una sutileza escalofriante como el del intento lúdico de violación o el del intenso desenlace pasan inadvertidos en medio del diálogo totémico. Por todo ello, estoy seguro de que Carla y Helver, si hubiesen tenido la oportunidad de manifestar su opinión, habrían rogado al director un tratamiento más incisivo de sus gestos, un balde que rebosara sus lágrimas y una tensión insoportable. A él dedican sus últimas líneas: No entendemos nada de lo que ocurre fuera. Por eso vamos a abandonar. En nombre del amor que los que fuera están no quieren conocer.

LA NOCHE DE HELVER se representó en el Teatre Romea del 3 al 5 de julio durante el GREC-Festival de Barcelona.

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