Sitges’ 2013: El bebé tiene quien le cante.


sitges_17

Por Juan Marea.

Este año nos corresponde ayudar a Rosemary. Su bebé acaba de nacer y requiere los más tiernos cuidados. El Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya se acuerda de la desasosegante película que rodó Roman Polanski en 1968 y que aquí conocimos como “La semilla del diablo”. Y aunque no la proyecta, las pantallas grandes de Sitges se amplían del 11 al 20 de octubre para expulsar escalofriantes melodías con que mecer la cunita de la criatura, y así quedan benditos nuestros escalofríos.

La bienvenida oficial de esta 46a. Edición le ha correspondido a Eugenio Mira. Al frente del equipo de “Grand piano”, ha orquestado una película que pretende ser elegante y que juega a apuntarse a la moda de provocar el pánico individual en recintos cerrados para maximizar la angustia del protagonista. El (aparentemente) frágil Elijah Wood será torturado por un psicópata que le obligará a ejecutar un concierto al piano de melodía casi letal y, con ello, la vulnerabilidad se convierte en la fortaleza de los grandes porque este convincente concertista descubrirá su condición de héroe tenaz. La película sabe tocar el teclado de la tensión pero la partitura se empobrece con un desenlace precipitado y poco matizado en el que la inverosimilitud nubla el terreno previamente abonado.


El Festival suele engrandecerse con la mirada personal de realizadores que ofrecen su mundo tiñéndolo de atmósferas apasionantemente alternativas. “Upstream color” es un experimento fallido de Shane Carruth que intenta hechizar con el agotamiento vital de un grupo de personas transportadas a través de lo que el film denomina “señalética” de un lugar a otro y encarnándose en diferentes entes naturales. A pesar del magnetismo causado con la estilizada fotografía, la obra se desmorona con sus pretenciosos cimientos argumentales. “Goltzius & The Pelican Company” es la nueva respuesta de Peter Greenaway a ese escaparate maravilloso de la vida que es el cine. Con hermosos cuerpos, acerada crítica a la hipocresía sexual y una dirección artística de una celebrada exuberancia, se suceden ante nuestros ojos virginales las más excitantes historias de la Sagradísima Biblia para solaz de nuestros sentidos menos intelectuales. La película solo encuentra obstáculo en su desmesura al empeñarse en configurar un catálogo pormenorizado de ejemplos.

La fascinación de la muerte al marcar el acontecer cotidiano de un joven es el eje de “Love eternal”, en la que Brendan Muldowny expone el conflicto intentando mitigar su aspecto angustiante. Para ello, convoca una notable plasticidad visual y rodea al estólido Robert de Hoog de personajes secundarios que pretenden ser carismáticos pero el maquillaje se corre al comprobar a lo largo del metraje que la historia no avanza y la cobardía de su realizador imponiéndonos un final acomodaticio. Más lejos intentó llegar “The wait”, propuesta “indie” (usaremos la etiqueta, que siempre nos ayuda a simplificar) de M. Blash algo confusa y a ratos poética sobre una familia errática en vías de acelerada descomposición al fallecer la madre y que subyacerá en nuestra memoria por la calidez crepuscular de su fondo visual y la alienación de sus figuras, destacando entre ellas una Jena Malone a ratos conmovedora con su inocencia cercenada por los acontecimientos.


The-Wait-Still

  Jena Malone y Chloë Sevigny aguardan

 

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