Teatro Mínimo de Sevilla: Color especial escénico


banner logo mínimo 2

Por Juan Marea.

La calle Regina de Sevilla serpentea entre la pereza castiza y el afán por ser vía alternativa. Con ilusión y firmeza. Paso a paso, el transeúnte la recorre a ras de suelo desde San Juan de la Palma y justo antes de ser minimizado por la Plaza de la Encarnación, encuentra quien le guiñe el ojo con voladora gracia escénica.

Los viernes y sábados, la librería Un gato en Bicicleta abre un carril estrecho por el que deslizar nuestro manillar inquieto. Y la tienda de moda La Seta Coqueta, justo enfrente, se encarga de desposeernos de los inhibidores frenos. El circuito que les une a la sazón es la programación de Teatro Mínimo. Este mes de septiembre, el ciclo se titulaba “Microclásicos”. Y juntos crecimos.

Esperando” de J.F. Ortuño, se atreve con tierno descaro a presentarnos por fin a Godot. Cuando casi nadie contaba con él, y quizás precisamente por eso, Sergio Rodríguez opone su resistencia de creador en crisis a la aparición imposible de Ken Appledorn como criatura empeñada en ser creada. La frescura contagiosa de Sergio nos trajo a un Beckett cercano con diminutivo, conflicto desternillante y perplejidad contagiosa. Appledorn le asesta sus mejores golpes con flemática apostura, enigmático gesto y sutil acotación. Y la espera de ambos, con nuestro seguimiento extasiado, se prolonga en nuestro deseo.

A escasos metros de allí, un soberbio José Luis Fernández nos acusa con dedo impecable, se agita con generoso sufrimiento escénico y reconstruye minuciosamente la tragedia del osado William en “Ricardo III (rewind)“. Prueba fehaciente de que las grandes historias deben servirse a pequeña distancia, Joaquín Dholdán ataca con una dramaturgia ambiciosa al reducir a quince minutos la angustia monárquica de su protagonista. Y además selecciona a los espectadores como los diferentes personajes que le darán escalofriante réplica desde la estupefacción de sus butacas. La cosa aún se eleva más con la dirección de Juan Carrascoso, aunando brillantemente el amplio abanico de posibilidades expresivas del aplicado José Luis y su comunión con una silla de ruedas, poderoso elemento escenográfico aglutinante de fortaleza, trono y eco desasosegante de su “Ricardo”.

Cruzando deseosos, sin desaliento posible, este tramo mágico de la calle nuestro ánimo se verá alegremente suavizado por una simpática sátira del drama de Otelo en “Desdémona ya no vive… Aquí“. O el diálogo resultón de dos actrices que entre verso y trascendente mirada, hacen encantadores chascarrillos sobre la desigualdad sexual y los “tics” del temible mundo de los actores. Caracterizadas como la paciente Emilia (perseverante Olga Martínez, también autora de la pieza) y la lánguida Desdémona (hilarante Clara Romero), ambas alcanzan momentos de comicidad muy celebrada como aquel en que proponen una relectura que fusione a Lorca y Shakespeare o el del “moro celoso” dándoles réplica sin ni siquiera molestarse en hacer acto de presencia.

Déjanos tu comentario, gracias.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: